sábado, mayo 23, 2009

Algunos elementos agoristas en "La Rebelión de Atlas" de Ayn Rand

“No intentaste competir en base a tu inteligencia, y ahora lo haces en base a tu brutalidad. No quisiste permitir que las recompensas fueran ganadas por la producción y ahora estás corriendo una carrera en la que las recompensas se ganan a través del robo. Calificaste de egoísta y cruel el intercambio de valor por valor, y ahora has creado una sociedad en la que se intercambia extorsión por extorsión. Tu sistema es una guerra civil legalizada, donde los hombres se juntan en bandas que luchan unas contra otras por la posesión de la ley que utilizan luego como un garrote contra los rivales, hasta que otra banda se la arrebata por la fuerza, y la utiliza a su vez en su contra, mientras todos claman hallarse al servicio de un ignoto y nunca especificado bien común. Has dicho que no ves ninguna diferencia entre el poder económico y el político, entre el poder del dinero y el de las armas; que no ves diferencia entre la recompensa y el castigo, entre una compra y un saqueo, entre el placer y el dolor, entre la vida y la muerte. Ahora estás aprendiendo en qué consiste esa diferencia.

“Habrá quien pueda alegar ignorancia como excusa, una mente limitada de alcance limitado. Pero los más malditos y culpables son quienes tenían la capacidad de saber y, sin embargo, prefirieron ignorar la realidad; los hombres que eligieron subordinar Su inteligencia en cínica servidumbre de la fuerza: la despreciable raza de místicos de la ciencia que profesan su devoción al ‘conocimiento puro’, cuya pureza consiste en la pretensión de que tal conocimiento no tiene aplicación práctica en este mundo; aquellos que reservan su lógica para la materia inanimada, pero creen que las relaciones humanas no requieren ni merecen ninguna racionalidad; aquellos que desprecian el dinero y venden sus almas a cambio de un laboratorio conseguido mediante el saqueo. Y, dado que no existe tal cosa como el ‘conocimiento no práctico’, ni la acción ‘desinteresada’; dado que desprecian el uso de su ciencia para el propósito y aprovechamiento de la vida, entregan su ciencia al servicio de la muerte; para el único fin práctico que puede tener para los saqueadores: inventar armas de coerción y destrucción.
“Ellos, los intelectuales que tratan de escapar de los valores morales, ellos son los malditos en esta tierra, y suya es la culpa más allá del perdón. [..]

“Pero no es a él a quien quiero dirigirme. Te hablo a ti, que aún conservas un rincón soberano de tu alma, no enajenado ni estampado con un sello que dice: ‘A la orden de los demás’. Si, en el caos de los motivos que te impulsaron a escuchar la radio esta noche, hubo un deseo honesto y racional de averiguar qué está mal en el mundo, tú eres el hombre a quien quiero dirigirme. Según las reglas y términos de mi código, uno les debe un discurso racional a todos aquellos a quienes les preocupa y a quienes están haciendo algún esfuerzo por saber. Los que están haciendo un esfuerzo por no entenderme, no me interesan.

“Te hablo a ti, que deseas vivir y recapturar el honor de tu alma. Ahora que sabes la verdad acerca de tu mundo, deja de apoyar a tus destructores. La maldad del mundo sólo ha sido posible gracias a tu aprobación. Retira tu aprobación. Retira tu apoyo. No intentes vivir según los términos de tus enemigos, ni ganar en un juego en donde ellos hacen las reglas. No busques la condescendencia de quienes te han esclavizado; no pidas limosna a quienes te robaron, ya sea en forma de subsidios, de préstamos o de empleos; no te unas a su bando para recuperar lo que te han robado, ayudándolos a robar a tu prójimo. No es posible conservar la vida aceptando sobornos para condonar la propia destrucción. No te esfuerces en obtener beneficios, triunfos, ni seguridad, al precio de una hipoteca sobre tu derecho a la existencia. Esa hipoteca no debe ser pagada; cuanto más les pagues, más te exigirán; cuanto más grandes sean los valores que intentes alcanzar, más inerme y vulnerable serás. El suyo es un sistema de chantaje abierto, ideado para desangrarte, no por tus pecados, sino por tu amor a la existencia.


“No intentes ascender con las condiciones de los saqueadores ni subir por una escalera que ellos sostienen. No permitas que sus manos toquen el único poder que los mantiene en el poder: tu ambición de vivir. Declárate en huelga como yo lo hice. Utiliza tu mente y tu habilidad en privado; aumenta tu conocimiento, desarrolla tus habilidades, pero no compartas tus logros con otros. No intentes amasar una fortuna con un saqueador montado en tu espalda.

“Quédate en el peldaño más bajo de tu escalera; no ganes más que lo estrictamente necesario para tu supervivencia; no ganes un centavo extra que vaya a financiar el Estado de los saqueadores. Ya que eres un cautivo, actúa como cautivo; no los ayudes a simular que eres libre. Conviértete en ese silencioso e incorruptible enemigo al que ellos tanto temen. Cuando te fuercen, obedece, Pero no seas voluntario de su causa. Nunca ofrezcas dar un paso en su dirección, ni expreses un deseo, un ruego, o un propósito. No ayudes a un saqueador a afirmar que actúa como tu amigo y benefactor. No ayudes a tus carceleros a pretender que su cárcel es el estado natural de tu existencia. No los ayudes a falsear la realidad. Esa falsificación es el único dique que contiene su secreto terror, el de saber que no son aptos para la existencia; quítalo y deja que se ahoguen; tu aprobación es su único salvavidas.

“Si encuentras alguna oportunidad para desaparecer en algún paraje ignoto fuera de su alcance, hazlo; pero no para vivir como un bandido, o formar parte de una pandilla que compita con la de ellos; construye una vida productiva por tus propios medios, con aquellos que acepten tu código moral y están dispuestos a luchar por una existencia humana. No tienes posibilidad alguna de triunfar mediante la Moral de la Muerte, ni valiéndote del Código de la Fe y la Fuerza; establece un paradigma al que los honestos se acogerán: el paradigma de la Vida y la Razón.

“Actúa como un ser racional, intenta convertirte en punto de convocatoria para todos aquellos que están sedientos de una voz de integridad. Actúa basado en tus valores racionales, tanto si te encuentras solo, en medio de tus enemigos, como en compañía de unos cuantos amigos escogidos, o como fundadores de una modesta comunidad en la frontera del renacimiento de la humanidad.

“Cuando el Estado de los saqueadores colapse, privado de los mejores de sus esclavos; cuando caiga a un nivel de caos impotente, como las naciones asoladas por el misticismo del Oriente, y se disuelva en hordas de ladrones que luchan por robarse entre sí; cuando los defensores de la moral del sacrificio perezcan junto con su ideal, entonces, ese día, volveremos.

“Abriremos las puertas de nuestra ciudad a quienes merezcan entrar; una ciudad de chimeneas, tuberías, huertas, mercados y hogares inviolables. Seremos el centro de convocatoria para los refugios secretos como el que tú hayas construido. Con el signo del dólar como emblema, el signo del mercado libre y de las mentes libres, actuaremos para reclamar este país una vez más de las manos de los salvajes impotentes, que nunca descubrieron su naturaleza, su significado y su esplendor. Quienes opten por unirse a nosotros, se nos unirán; los que no, carecerán del poder para detenemos; las hordas de salvajes nunca fueron obstáculo para los hombres que enarbolaron la bandera de la mente.

“Entonces este país se convertirá una vez más en santuario para una especie humana bajo riesgo de extinción: el ser racional. El sistema político que construiremos está contenido en una única premisa moral: nadie podrá obtener ningún valor de los demás recurriendo a la fuerza física. Todo hombre se mantendrá o caerá, vivirá o morirá, según su juicio racional. Si no lo usa y cae, él será su única víctima. Si teme que su juicio resulte inadecuado, no se le dará un arma para mejorarlo. Si decide corregir sus errores a tiempo, tendrá el claro ejemplo de los mejores como guía para aprender a pensar, pero se pondrá fin a la infamia de pagar con una vida los errores de otra.

“En ese mundo podrás levantarte cada mañana con ese espíritu que conociste en tu niñez: ese espíritu de anhelo, aventura y certeza que deriva de tratar con un universo racional. Ningún niño le teme a la naturaleza. Es tu temor al hombre lo que desaparecerá; ese temor que ha paralizado tu alma; el temor que has adquirido en tus primeros encuentros con lo incomprensible, lo impredecible, lo contradictorio, lo arbitrario, lo oculto, lo falso y lo irracional del hombre.

“Vivirás en un mundo de seres responsables, que serán tan consistentes y confiables como los propios hechos; la garantía de su carácter será un sistema de existencia en el que la realidad objetiva es el parámetro y el juez. Tus virtudes gozarán de protección; tus vicios y debilidades, no. Se darán todas las oportunidades a tu bondad y ninguna a tu maldad. Lo que recibirás de los hombres no serán limosnas, ni lástima, ni piedad, ni perdón por los pecados, sino un único valor: justicia. Y cuando mires a los demás o a ti mismo, no sentirás desagrado, ni sospecha, ni culpa, sino una única constante: respeto.

“Tal es el futuro que eres capaz de construir. Requiere una lucha, como cualquier valor humano. Toda vida es una lucha con propósito, y tu única elección es la elección de la meta. ¿Quieres continuar la batalla por tu presente, o quieres luchar por mi mundo? ¿Quieres continuar una lucha que consiste en aferrarse a precarias salientes en un resbaloso descenso al abismo, una lucha en la que las privaciones que soportas son irreversibles y las victorias que obtienes te aproximan aún más a la destrucción? ¿O prefieres iniciar una lucha que consiste en escalar de saliente en saliente en un ascenso continuo hasta la cumbre, una lucha en la que las privaciones son inversiones en tu futuro y las victorias te acercan irreversiblemente al mundo de tu ideal moral, y en la que aún si murieras sin haber alcanzado la plena luz del sol, morirías en un nivel ya tocado por sus rayos? Tal es la opción que te ofrezco. Deja que tu mente y tu amor por la vida decidan.

“Mis palabras finales son para ti, el héroe que aún permanece escondido en el mundo; prisionero, no por culpa de tus evasiones, sino por tus virtudes y tu desesperada valentía. Mi hermano de espíritu: mira tus virtudes y la naturaleza del enemigo al que estás sirviendo. Tus destructores te dominan, basándose en tu fortaleza, tu generosidad, tu inocencia, tu amor; la fortaleza con que soportas sus cargas; la generosidad con que respondes a sus gritos de desesperación; la inocencia que te hace incapaz de concebir su maldad y les otorga el beneficio de cada duda, rehusando condenarlos sin comprender, pero incapaz de comprender los motivos que los impulsan; el amor, tu amor por la vida, que hace que pienses que ellos son humanos y que también aman a esta vida. Pero el mundo de hoy es el mundo que ellos quisieron; la vida es el objeto de su odio. Déjalos con esa muerte a la que tanto adoran. En nombre de tu magnifica devoción por esta Tierra, déjalos; no agotes la grandeza de tu alma en conseguir el triunfo del mal que ellos buscan. [..]


“En nombre de lo mejor que hay en ti, no sacrifiques este mundo a los peores. En nombre de los valores que te mantienen con vida, no permitas que tu visión del hombre sea distorsionada por lo feo, lo cobarde, lo inconsciente en aquellos que nunca han conseguido el título de humanos. No olvides que el estado natural del hombre es una postura erguida, una mente intransigente y un paso vivaz capaz de recorrer caminos ilimitados. No permitas que se extinga tu fuego, chispa a chispa, cada una de ellas irremplazable, en los pantanos sin esperanza de lo aproximado, lo casi, lo no aún, lo nunca jamás. No permitas que perezca el héroe que llevas en tu alma, en solitaria frustración por la vida que merecías pero que nunca pudiste alcanzar. Revisa tu ruta y la naturaleza de tu batalla. El mundo que deseas puede ser ganado, existe, es real y posible; es tuyo.

“Pero ganarlo requiere de una dedicación total y una ruptura total con el mundo de tu pasado, con la doctrina de que el hombre es un animal de sacrificio, que sólo existe para el placer de otros. Lucha por el valor de tu persona. Lucha por la virtud de tu orgullo. Lucha por la esencia del ser humano: su mente racional y soberana. Lucha con la radiante certeza y la absoluta rectitud de saber que tuya es la Moral de la Vida y que tuya es la batalla por cualquier logro, cualquier valor, cualquier grandeza, cualquier bondad, cualquier alegría que alguna vez haya existido en esta Tierra.

“Vencerás cuando estés listo para pronunciar el juramento que yo hice al comienzo de mi batalla. Y para aquellos que quieran conocer la fecha de mi retorno, voy a repetirlo ahora, para que lo escuche el mundo entero: ‘Juro por mi vida, y mi amor por ella, que jamás viviré para nadie, ni exigiré que nadie viva para mí’.”

La rebelión de Atlas.

Ayn Rand.