martes, agosto 14, 2007

Aprender de la Hª: La violenta revuelta Mierense de 2001

En los últimos tiempos he venido denunciando el acoso al que se están viendo sometidos algunos hosteleros ovetenses (así como los consumidores directa o indirectamente) por parte del Ayuntamiento como parte de una cruzada puritana contra el ruido y la venta de alcohol a menores. Como diría Groucho Marx "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". La ultima burrada ha sido establecer controles policiales para detectar "motos ruidosas".

Protegidos por el falso manto de legitimidad del poder y mediante el uso de la fuerza policial se creen con todo el derecho de extorsionar a la sociedad.
Pero los saqueadores deberían tener en cuenta que en ocasiones alguien se atreve a denunciar la realidad que se esconde tras este montaje, y la gente por una vez dice "hasta aquí valió".

Un ejemplo de ello fue la autentica insurrección que se organizo en el año 2001 en la villa de Mieres cuando el Ayuntamiento gobernado por el alcalde socialista Misael Fernández Porrón decidió hacer caso a las pretensiones de los vecinos de la “zona de la movida” y emplear su aparato represivo para imponer a los empresarios horarios de cierre. Seguramente, contabilizando el número de votos mayor de los vecinos, tomo la decisión de hacer caso a estos pisoteando los derechos de los hosteleros.

Pero los hoteleros y los jóvenes consumidores no estaban dispuestos a permitir que les estropearan sus negocios y sus noches de ocio (respectivamente). Los propietarios de los bares se organizaron e iniciaron una huelga hostelera sin precedentes. El 90% de los bares, restaurantes, cafeterías y sidrerías amanecieron cerrados con el siguiente cartel: «Este establecimiento permanecerá cerrado contra la política de acoso del Ayuntamiento a la hostelería».

Sus demandas fueron cinco:

1) Rebaja de la tasa municipal de terrazas e implantación de categorías dependiendo de su ubicación.

2) Cobro mensual y sin tramos de los recibos de agua y recogida de basura.

3) Libertad de horario de cierre o su unificación a nivel regional

4) Gestión de los chiringuitos de San Xuan por parte de la asociación Villa de Mieres a cambio de cinco millones de pesetas.

5) Reconocimiento por parte del Ayuntamiento de la importancia a nivel económico del sector hostelero del concejo.

Finalmente llego el fin de semana y las cosas explotaron, “a las tres y media de la madrugada del domingo los establecimientos cerraron sus puertas. A partir de ese momento, unas dos mil personas se empezaron a concentrar en la calle La Vega, gran eje comercial de la villa. Durante aproximadamente dos horas el casco urbano se convirtió en un improvisado campo de batalla: reyertas, policías agredidos, portales destrozados, farolas y papeleras arrancadas de cuajo, cabinas de teléfonos desmanteladas, ventanas rotas a botellazos...”

“El nerviosismo y la tensión fueron en aumento. La pequeña dotación de Policía Nacional que se encontraba de servicio –más tarde sería necesaria la presencia de más unidades antidisturbios– se vio impotente ante una multitud que arrasaba todo lo que se encontraba en su camino. Desde las ventanas, algunos vecinos lanzarón huevos y lejía. Los antidisturbios se liaron a toletazos y a bolazos contra los insurrectos. Aproximadamente a las 5.30 de la madrugada la pesadilla concluyó.”

El balance: un policía herido de consideración, un joven detenido, importantes daños materiales (Siete portales fueron destrozados durante la multitudinaria reyerta), los pisos bajos también sufrieron los efectos de la dura batalla callejera. El lanzamiento de botellas y botes de humo alcanzó las viviendas y generó la alarma en numerosas familias...

Esta fue la consecuencia de emplear la fuerza sobre la sociedad, en ocasiones la gente estalla y se produce una situación en la que los derechos de propiedad desaparecen y reina el caos y la violencia. No creo que la situación de Oviedo sea parecida a esta (ni las cuencas son tan dinamiteras a día de hoy), pero si persisten los abusos un día los saqueadores podrían darse cuenta de hasta que punto han causado conflictos de consecuencias perniciosas para todos.

Habrá quien me considere un desalmado y piense que estoy haciendo apología de esta insurrección. Nada más lejos de la realidad, lo que pretendo es enseñar las inesperadas consecuencias de emplear la fuerza organizada del estado contra personas inocentes impidiéndoles disfrutar de sus legítimos derechos. Además, precisamente las cuencas mineras no andan cortas de episodios violentos (y mucho menos justificados que este) que son continuamente reivindicados (e incluso se ruedan películas con nuestro dinero para conmemorarlos) por las mafias sindicales como el SOMA o los partidos de “izquierda”.